martes, 10 de mayo de 2011

Crítica por Pamela Lagos

Crítica a “Los Hombres No” de Pablo Cortés
Danza Contemporánea

Lo Masculino desde la psicología hacia el cuerpo

Pamela Lagos
Profesora de Danza, Directora, Intérprete, Gestora Cultural y Crítica de Danza

En el Centro Creación Coreográfica, Matta Oriente 525, se presenta desde el 29 de Abril al 22 de mayo el montaje “Los Hombres No” dirigida por Pablo Cortés, una verdadera apuesta de este nuevo creador emergente, quien elabora en su propuesta, una reflexión de la identidad masculina chilena y su construcción contemporánea.

Pablo Cortés, estudió 4 años la carrera de Psicología en la Universidad de Valparaíso antes de estudiar danza en la Academia de Humanismo Cristiano “Espiral”, en la que actualmente cursa el último año. Estas dos carreras, la psicología y la danza, lo han llevado a tener una amplia mirada sobre los temas de actualidad, vinculando las áreas explícitamente en la creación. Su primer montaje profesional “Los hombres No” ha sido posible gracias al financiamiento del Fondo Nacional de las Artes, Fondart Regional 2010.

Es interesante lo que Pablo Cortés nos plantea en “Los Hombres No”, que para poder hablar de la masculinidad tiene que haber una mujer para marcar lo contrario y hablar de aquellas diferencias e igualdades. Es así como notamos que se parte de la premisa del cuerpo masculino y cotidiano de sus intérpretes: Andrés Maulén, Magnus Rasmussen, Luis Leiva y donde la bailarina Betania González es el punto de conflicto de lo masculino, realizando un versus lo femenino, estableciendo la diferencia, el otro punto de vista, o los significados de su representación en madre, mujer, la virgen del Carmen, etc. De lo cual podemos realizar un análisis del enfoque del cuerpo en su contexto de género que se aborda en la obra, buscando desglosar y analizar el montaje de danza a través de una deconstrucción de los elementos visuales, narrativos y corporales, develando los subtextos que la componen para abordar un punto de vista hacia la gestualidad en el espacio, como un dispositivo discursivo y critico.

Para establecer el punto central de la obra, la reflexión en torno a la identidad masculina en la sociedad chilena de hoy, parece estar intrínsecamente avalada por la visión e imagen del mundo de lo masculino, a modo de dominación mundial impartida desde hace ya demasiados siglos en la historia de la humanidad, en que en la estructura jerárquica del poder ha pertenecido a los hombres, donde tienen que cumplir con ciertas expectativas, reglas sociales de comportamiento y superar pruebas de competencia para justamente establecer el poder sobre sus pares y solventar su masculinidad.

El lenguaje de la obra se construye a partir de conceptos teóricos sobre esas diferencias de pensamiento, sus características físicas corporales y estéticas, buscando descubrir un nuevo discurso narrativo desde la voz como un elemento más del cuerpo, con una propuesta narrativa no lineal, ni a fin de historia, sino que simplemente como si fueran hitos de reflexiones psicológicas sobre el “ser hombre” en los espacios de lo cotidiano y llevado a la danza a través de la interacción con otros y con el propio cuerpo. Lo que nos hace contemplar un montaje crítico contemporáneo sobre la sociedad y estereotipos masculinos que se sostiene por la cantidad de aristas que se establecen sobre el tema.

En la filosofía de Heidegger podemos reconocer similitudes cuando nos plantea que el hombre es un decir inconcluso, cuya propia existencia encarna una determinada representación e interpretación del mundo. El ser es lenguaje y tiempo y nuestro contacto con las cosas está siempre mediado por prejuicios y expectativas como consecuencia del uso del lenguaje. Cualquier respuesta a una pregunta acerca de la realidad se halla manipulada de antemano, ya que siempre existe una precomprensión acerca de todo lo que se piensa. Esta precomprensión de las cosas produce una circularidad natural en la comprensión que va de lo incomprendido a lo comprendido, el círculo hermenéutico, que no es exactamente un límite o un error del conocimiento, sino algo intrínseco al hombre e inevitable, pero que se constituye como una oportunidad que nos permite conocer el todo a través de las partes y viceversa.

Todo aquello notamos presente en “Los hombres No” bajo premisas de mandar órdenes sobre otro cuerpo que van desde lo cotidiano a lo extracotidiano en la kinética corporal, la danza se entreteje y se hace interesante con el tratamiento de los conceptos: cumplir expectativas, comportamiento social, superar pruebas y manipulación; nos deja entrever una sociedad marcada por las diferencias de actitudes entre hombres y mujeres desde cómo nos vestimos, comportamos, movemos y relacionamos.

Se pretende realizar un enfoque distinto del desarrollo del lenguaje de la danza, ya que la investigación teórica y práctica del montaje arroja conceptos a tratar en el cuerpo que se basan en el movimiento simple, orgánico y común, se busca entonces el movimiento cotidiano, sin caer en adornos ni exageraciones, pero también sucede la composición de fraseos, las técnicas, cuerpos que se adaptan a realizar saltos, contactos entre los cuerpos; reconociendo una capacidad de movimiento que surge desde la temática a trabajar y que da al espectador la sensación de cierto goce que los intérpretes manifiestan y disfrutan en esos movimientos, ya que siempre hay algo lúdico que va ocurriendo, a veces a modo de cinismo o burla de cánones preestablecidos con respecto a la danza, a su disciplina, a la ejecución, como también al género y al sexo. Podemos decir que siempre hay una ironía implícita y subjetiva hacia las temáticas y lenguaje que se aborda, un discurso consciente de crítica de los cánones preestablecidos sobre el tema de la masculinidad y la danza.

En esta obra es a partir del cuerpo que se van suscitando los acontecimientos, el lenguaje corporal viene a dar un significante de la temática que se plantea en el espacio, en el cuerpo y en el del otro, donde el todo es más simple, donde lo importante es la acción conceptual que va interrelacionándose con los cuerpos, el espacio, el movimiento y los elementos.

Entre los cuatro intérpretes se desarrollan distintas relaciones de poder según las posibilidades que trazan sus propios cuerpos como: de la mujer hacia los varones, los machos a la hembra, entre dos hombres, entre hombre y mujer, entre los tres hombres dejando a ella de lado y entre todos a todos; haciendo evidente la relación de poder que surge en la obediencia, puesto que si no hay obediencia, no hay relación de poder. Dándonos como referente a un Chile en el que se deja entrever la manipulación, los ordenamientos sociales, los cánones sistemáticos, la hegemonía militar, las luchas de poder, el machismo, etc. En esto recurren en varias ocasiones a agotar el recurso hasta el límite, como una operación también del poder, cuestionando o dirigiendo esa información y lenguaje.

Como gran aparataje simbólico, tenemos en escena una gran tela color piel que está colgada desde el techo, esta imagen alude inmediatamente a un útero, el cual cobija y protege pero también limita y asfixia. Este símbolo expuesto, da sentido a la mujer en la humanidad en su valor reproductivo. Este símbolo colgado y que mantiene distancia con la tierra, puede darnos infinitas lecturas, ya que podemos hacer una comparación con otras culturas, en que en los ritos agrarios, la fecundidad de la mujer estaba ligada a la de la tierra o al mar, constituyendo ésta un monopolio femenino, tanto material como espiritual; es entonces cuestionable que este símbolo femenino en el montaje se encuentre espacialmente en el nivel alto, quizás por dar preponderancia a entregar una crítica a nuestra actualidad en que la valorización de la mujer es algo idealizable o ilusorio en una sociedad machista.

Este útero contiene todos los elementos que aparecen en las escenas, desde ahí salen el pito, el cronómetro, la máscara, las pelucas y un muñeco inflable. Es entonces que se establecen ciertos significados en la forma que estos elementos se utilizan: Para demarcar las órdenes y condiciones se realizan a través del sonido del pito o del cronómetro, tal cual como el reflejo condicionado de Pavlov, y es que quizás somos una sociedad que sigue reglas de acciones y comportamientos que se nos imponen, cual perros de laboratorio de quienes llevan el poder.

Las pelucas o la máscara nos muestran hombres que se disfrazan y ocultan algo bajo los cánones preestablecidos de la sociedad y es solo a través de este aparataje que reflejan su homosexualidad.

El útero gigante al dar a luz a un hombre de plástico, simboliza la desintegración, la destrucción y la muerte del hombre, nos manifiesta su artificio y materialidad desechable que se hace evidente, convirtiéndolo en un dispositivo de tensión para romper con la estructura marcial militar que se estaba dando como propuesta en ese momento.

Y este útero al transformarse en la falda de la intérprete, la cual crece al incorporarse otro cuerpo debajo del de ella, nos permite realizar una operación de asociación al arquetipo de la madre como diosa, la personificación del misterio y del poder femenino que se manifiesta, donde la música alude a lo sacro entregándonos como inconsciente colectivo la imagen de la virgen del Carmen patrona y en cuya imagen final se manifiesta en la naturaleza humana como protección y alimentación.

En cuanto a la iluminación diseñada por Marcelo Arancibia, es interesante la investigación de luz que se realiza en el espacio y en los intérpretes, al utilizar elipsoidales que solo iluminan zonas del cuerpo quedando a descifrar lo demás, no exponiendo al espectador su totalidad sino que el cuerpo aparece en un discurso fragmentado. Con esta misma idea se crean diversos espacios dentro de la sala, transformando ésta, creando diversas atmósferas y propuestas de imágenes; donde se advierte una dimensión sicológica más que temporal.

La composición musical de Esteban Illanes, realiza un acompañamiento marcando hitos dentro del montaje, desarrollándose una relación del sonido en servicio con la voz, en el cual su mínimo volumen o silencio se debe a resaltar lo que los intérpretes dicen en escena y su florecimiento cuando el cuerpo sin voz danza y lo conduce una melodía.

El vestuario a cargo de Alexandra Mabes nos evidencia en todo momento la cotidianeidad explícita que se busca, se denota la comodidad de los intérpretes y se resalta su individualidad, quizás es tal cual como cada uno se viste a diario, solo se escapa esta gran transformación de tela que en un principio es un útero y luego se adapta a ser un faldón entregando una imagen eminente.

A modo de concluir podemos decir que “Los hombres No” como montaje no recae en la retórica de la versión hegemónica de masculinidad que se presenta comúnmente como un significado único, atemporal y universal, sino que da nuevas perspectivas en la problemática, replanteando la importancia de la mujer sobre una mistificación de lo que significa ser un hombre, donde ciertamente el sexismo como macroestructura del poder, genera estas ideologías que actúan extendiendo y legitimando las relaciones de poder. En este sentido la subordinación de género se visibiliza y permanece en un plano consciente. Pero el poder interpersonal nos es solo una derivación de las desigualdades macroestructurales, ya que es reconstruido, desafiado, adaptado, negociado y o reafirmado en la vida cotidiana, que es donde suscita esta obra, un machismo chilensis demarcado por imágenes de ideales femeninos como la madre y de una religión latente católica en la adoración de la virgen y que se evidencia en la urbe de Santiago cuando encontramos en el nivel más alto del cerro San Cristóbal a la virgen que tal como imagen de madre tiene la finalidad de cuidarnos y protegernos pero también propio de la religión católica de limitarnos y asfixiarnos, concretando la semejanza con la imagen del útero del inicio en su ubicación y con ello el círculo hermenéutico antes expuesto.

jueves, 17 de febrero de 2011

domingo, 13 de febrero de 2011

"Los Hombres No." es una puesta en escena de danza contemporánea que se elabora a partir de la investigación y reflexión sobre la identidad masculina chilena y su construcción contemporánea. La obra sitúa a tres hombres y una mujer que comparten un mismo espacio, quienes sin la pretensión de representar algo, se instalan para dar a conocer y mostrar diferentes situaciones, relaciones e imágenes respecto a lo masculino y a lo no masculino, convergiendo así, en un mismo lugar, la heterogeneidad de lenguajes que emergen de la individualidad de cada intérprete, la improvisación, la referencia a lo cotidiano y las posturas personales respecto al modelo de masculinidad imperante chileno, lo que permite que estos cuerpos escénicos entren en relación y se conflictúen en el aquí y en el ahora.



Dirección:
Pablo Cortés Gallardo

Interpretación: Magnus Rasmussen, Andrés Maulén, Betania González y Luis Leiva
Diseño Integral: Daniela Frésard
Composición Musical: Esteban Illanes
Vestuario: Alexandra Mabes
Iluminación: Marcelo Arancibia
Diseño Gráfico: Franklin Ruiz
Producción: Francisco Bagnara

ESTRENO
29 de Abril del 2011 a las 20:00 hrs.

TEMPORADA
Desde el 29 de Abril al 22 de Mayo

Horarios: Viernes, Sábados y Domingos a las 20:00 hrs.
Lugar: Centro Profesional de Creación Coreográfica, Matta Oriente 525, Ñuñoa (Metro Irarrázabal)